Las nuevas alfabetizaciones

Caccuri, V., (2012). Las nuevas alfabetizaciones. Computación para docentes. – Manual USERS (224), 14-21.

La educación está en crisis, y esto lo podemos comprobar a diario todos los que afrontamos el desafío de ejercer nuestra profesión docente. independientemente del nivel educativo en el que nos desempeñemos, aparecen como un lugar común en las conversaciones con nuestros colegas frases tales como: “los chicos no aprenden”, “no prestan atención”, “no se interesan por nada”, “hoy tuve que interrumpir la clase tres veces para pedirles que apaguen los celulares”, entre otras. Parecería que el aula se ha transformado en un campo de batalla en el que combaten dos fuerzas opuestas: docentes que nos empeñamos en enseñar, y alumnos que se resisten a aprender. Esta problemática puede ser analizada desde diferentes puntos de vista –sociales, políticos y económicos, entre otros–, pero vamos a centrarnos en un aspecto que muchas veces es ignorado: la cultura digital. Vivimos rodeados de tecnología: cajeros automáticos, teléfonos celulares, electrodomésticos con funciones programables, lectores de códigos de barras y, por supuesto, computadoras. Pero tal vez no nos detuvimos a pensar que estos dispositivos no son solo máquinas electrónicas que nos facilitan la vida cotidiana, sino que tienen implícito un código propio, un lenguaje y una cultura.

En el marco de esta nueva cultura emergente, podemos definir dos categorías de sujetos: los nativos digitales y los inmigrantes digitales. Estas categorías fueron establecidas por Marc Prensky, un especialista en educación y diseñador de videojuegos. Según él, los nativos digitales son aquellos jóvenes de menos de 30 años que han nacido y crecido con la tecnología. Del mismo modo en que incorporaron la lengua materna, incorporaron los códigos propios de la cultura digital, que no solo se relacionan con la capacidad de manejar naturalmente todo dispositivo que pasa por sus manos –aunque ningún profesor ni curso formal les haya enseñado a hacerlo–, sino que también han configurado su interacción con el mundo. Las nuevas generaciones son multitarea e hipertextuales, y esto lo podemos comprobar simplemente observando cómo buscan información en Internet para elaborar un trabajo práctico en un procesador de textos, mientras se comunican en línea a través de las redes sociales, miran su video favorito en YouTube y se ríen de los chistes que algún locutor grita desaforadamente desde la pantalla del televisor; y todas estas situaciones suceden, por supuesto, de forma simultánea. Los nativos digitales crecieron rodeados de pantallas y teclados; muchos de ellos tienen en su casa una o dos computadoras y una  consola de videojuegos; y además tienen su propio teléfono celular desde muy pequeños. Con algunas diferencias, esta realidad atraviesa a todas las clases sociales, porque los videojuegos, Internet, los teléfonos celulares y la mensajería instantánea se han convertido en parte integral de nuestras vidas y en la nueva forma de comunicación e interacción social del tercer milenio.

Pero en esta sociedad del siglo XXI también habitan los inmigrantes digitales, los adultos de más de 30 años que fuimos formados en patrones culturales diferentes. Hemos sido moldeados por una cultura centrada en el libro, la tiza y el pizarrón, y esto nos ha configurado como monotarea y secuenciales. Del mismo modo en que un inmigrante debe incorporar el lenguaje y los patrones culturales distintos de los de su origen, tuvimos que aprender los códigos de la cultura digital. La mayoría de los docentes pertenecemos a esta última categoría.

Más allá del grado de acercamiento que hayamos logrado con la tecnología, e incluso hasta los que hemos desarrollado una suerte de tecnofilia (adicción a la tecnología), los inmigrantes digitales tenemos algunos patrones comunes de comportamiento que nos caracterizan. Por ejemplo, imprimir los correos electrónicos o la información que buscamos en Internet, porque no podemos leer desde una pantalla; o escribir borradores en forma manuscrita, para luego pasarlos a la computadora con el único propósito de imprimirlos.

Por lo tanto, debemos tener en cuenta que el desencuentro parece casi inevitable. En la actualidad, los jóvenes están aprendiendo de manera informal, fuera de la escuela, por su cuenta, un conjunto de habilidades y técnicas de acceso, manipulación y circulación de la información que muchos adultos ignoramos.

En el mejor de los casos, intentamos incluir el recurso informático en nuestras clases, pero muchas veces lo hacemos utilizando la computadora del mismo modo en que utilizaríamos el libro, la tiza o el pizarrón, y sin entender claramente que un medio didáctico cambia la naturaleza de la actividad, la reestructura, y no puede entenderse como un mero facilitador de una acción que se desarrollaría igual sin su  presencia, o a través de otro medio menos costoso. ¿Es posible el encuentro? La dicotomía o división generacional planteada solo pone en escena un aspecto indiscutible de la realidad actual. Ahora bien, recordemos que en vez de rendirnos pensando que se trata de una causa perdida de antemano y que no podemos competir con  la tecnología, deberíamos comenzar a generar una actitud que nos lleve a conocer y analizar otras evidencias.

Las nuevas alfabetizaciones

Tradicionalmente, el concepto de alfabetización estuvo ligado a la capacidad de leer y escribir. En la actualidad, ese concepto resulta insuficiente y ha sido superado por las nuevas necesidades emergentes. Estas necesidades de alfabetización están asociadas, por una parte, al uso de la computadora y de otros dispositivos digitales, pero por otra parte –y este es tal vez su aspecto más profundo–, a las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales que conlleva este uso y que caracterizan el nuevo paradigma tecnológico.

En una sociedad marcada por la impronta tecnológica, las nuevas alfabetizaciones deben permitir la adquisición de los conceptos y procedimientos más básicos de la tecnología, es decir, aprender a leer y escribir con un nuevo lenguaje, el de los medios tecnológicos. En definitiva, se trata de un concepto que implica saber leer la tecnología, saber escribir y comunicarse con ella con la finalidad de desempeñarse de manera eficiente y autónoma, pero sobre todo, conocer los retos y las oportunidades, así como las amenazas y los límites que consecuentemente nos aporta su uso; este, sin duda, es un concepto que debemos internalizar.

En este sentido, la inclusión de las tecnologías de la información y la comunicación en el aula debe ser entendida en un sentido amplio de alfabetización que vaya más allá del aspecto instrumental.

Alfabetización informática

La alfabetización informática está orientada a la acreditación de destrezas prácticas en el uso de tecnologías de la información necesarias para el trabajo y, sin duda, para la vida diaria. Hoy no podemos considerar alfabetizada a una persona que no posea las capacidades que mencionamos a continuación:

  • Identificar las partes de una computadora y sus principales funciones.
  • Encender y apagar la computadora de forma correcta, utilizar el mouse y poder acceder a los diferentes programas.
  • Utilizar de manera adecuada dispositivos periféricos, tales como impresoras, escáner, micrófonos, cámaras, etcétera.
  • Utilizar programas ofi máticos y conocer sus principales herramientas.
  • Manejar aplicaciones multimedia.
  • Enviar y recibir correo electrónico con archivos adjuntos.
  • Buscar información en Internet.
  • Utilizar redes sociales.
  • Completar formularios en línea (cada vez más necesario para buscar trabajo o realizar trámites a través de Internet).

La alfabetización informática está relacionada con el aspecto instrumental y la adquisición de destrezas que permitan interactuar con los diferentes dispositivos tecnológicos disponibles en nuestro entorno.

Alfabetización digital

Aunque muchos autores utilizan los términos alfabetización digital y alfabetización informática como sinónimos, existen algunas diferencias entre ambos conceptos. Saber usar una computadora y otros dispositivos tecnológicos es condición necesaria pero no suficiente en los nuevos procesos de alfabetización, ya que las formas de lectura y el acceso a la información que proponen los medios digitales implican el dominio de nuevas capacidades de lectura comprensiva. Por ejemplo:

  • Capacidad de leer y entender hipertextos y multimedia.
  • Capacidad para gestionar, comprender y utilizar las fuentes de información en soportes digitales.
  • Capacidad para establecer relaciones positivas con el entorno tecnológico y ser capaz de aprovechar sus potencialidades en la resolución de diferentes situaciones.

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